¡ABUELO! ENSEÑAME UN JUEGO

¡ABUELO! ENSEÑAME UN JUEGO

Modalidad:

disfraz_individual

Año:

2026

Entre los vientos del sur que pasan por el Galeras se oyen casi perdidas las voces de viejas enseñanzas dejadas por nuestros abuelos y abuelas, que para mitigar los tiempos fríos nos enseñaban a jugar. En cada pueblo del frío Nariño se atendía la infancia con el giro veloz del trompo y el disfrute de los coloridos cielos con las cometas; en las noches frías se acompañaban con los juegos entretenidos como la pirinola, convirtiéndose en una herencia que, más allá de ser tangible, es un legado que permanece en la cotidianidad de cada rincón sureño.

Abuelito, Enséñame un juego, más allá de ser una propuesta para el carnaval, es una honra a la memoria viva de los juegos que en forma lúdica nos han acompañado después de las jornadas de trabajo; que, recordadas en el desfile del Carnaval de Negros y Blancos, nos recuerda que el sur está moldeado por el juego, por el barro, el papel, el barniz que brilla en cada homenaje que le rendimos año tras año.

Este trabajo recoge la cultura viva del trabajo sobre el papel que, más allá de ser una obra volumétrica, es un sentimiento hecho arte para la vista y disfrute de todos, propios y turistas. Este es el resultado de un ritual que fusiona el imaginario cultural y las ganas de recorrer la senda del carnaval.

La figura volumétrica, realizada con todo el cariño y aprecio para propios y turistas, muestra el rostro de nuestros abuelos que forjaron estas tierras, de estirpe indígena y que con sus juegos transmitieron y transmiten el conocimiento de generación en generación. Esa memoria viva que renueva nuestra colectividad es expresada en forma de mascarón con una sonrisa de tonalidad generosa y con sus ojos que representan la memoria intacta de nuestra forma de ver el mundo andino.

Al mascarón escultural lo acompañan los rostros de los descendientes en forma de niños que, con la técnica del modelado, son pulidos y esculpidos para generar una imagen costumbrista. En sus movimientos armónicos se pueden observar las características de la disposición al juego como lo es el zumbambico, el cuspe, el yoyo, la chaza, la pirinola, el trompo y las canicas; lúdicas que representan la cotidianidad andina en el sur de los Andes.

La posición de las figuras representa el sentido de escucha, representación viva de la transmisión de conocimientos, unido al colorido de la vestimenta propia de las comunidades indígenas Pastos y Quillasingas, fundamentados en los ciclos lunares y solares, comunidades indígenas que usan el juego para celebrar sus fiestas.

El lenguaje del juego es convertido en escultura para rememorar la máscara y su función como ornamento y símbolo que va más allá de lo espiritual. Es así que podemos observar el antifaz del colibrí en el rostro. El antifaz representa el juego del Carnaval de Negros y Blancos, motivando así a los descendientes a seguir el legado que los artesanos año tras año transmiten en el juego del carnaval.

Esta propuesta presenta al turista el imaginario del juego como memoria colectiva de los pueblos de Nariño, encontrando en la lúdica del juego el encuentro con el otro, y es así ese encuentro con el otro lo que permite al Carnaval de Negros y Blancos coexistir en cada disfraz, donde nos permite reconocernos para encontrarnos en el juego. Pero sobre todo es rendir homenaje a la cultura viva del artesano, para que quienes disfruten de esta senda, más allá de observar cada figura, sea un encuentro de arte y colorido bajo el pie del Galeras y así mantener viva la cultura y tradición de Nariño.

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