Dicen que, en los primeros días del año, cuando el Carnaval despierta a Pasto, aparece un ser que no es solo hombre ni solo mito, sino guardián de la alegria y del recuerdo. Es el Cusillo, aquel que rie y juega, que sacude la tristeza con su danza irreverente, pero también es el que se nos está escapando, porque con el paso del tiempo su figura se ha ido apagando, como una chispa que el viento amenaza con borrar.
La obra «El Último Cusillo» nace para que esa chispa no se extinga. Aqui se convoca al Cusillo Chamán, guardián y guía de todos los cusillos, espiritu que reúne lo más profundo del Carnaval. Con él empieza el juego, se convoca al fiesta, y se protege la memoria quel aún late en cada calle y en cada rostro.
En sus manos y en su cuerpo lleva los símbolos de un legado que ha trascendido generaciones, con la vejiga golpea la tierra, y cada azote es un llamado a despertar, a recordar que la vida es también juego y celebración, con el eco de su cuerno abre e tiempo del Carnaval, un sonido que conecta lo sagrado con lo festivo y anuncia que el pueblo entero se dispone a vivir, en su puro esconde la chicha, ei elixir que aviva la risa, libera lo oculto y mantiene encendido el espiritu de la fiesta.
De su cola emerge la serpiente, fuerza vitai que se desliza con poder y fertilidad, dando movimiento y audacia a su presencia. Sobrevuela a su lado el kinde, ese colibrí diminuto y luminoso, simbolo de ligereza y de lo esencial, recordándonos que incluso lo pequeño puede ser grande cuando porta la magia y en lo alto, el cetro de mando brilla como insignia de su poder espiritual, equilibrio que guía el juego y protege la fiesta.
Más que un disfraz, «El Último Cusillo» es un relato vivo, una resistencia hecha cuerpo y color, es la voz que dice que este personaje no ha muerto, que sigue siendo guardián de la identidad y la memoria, porque mientras el Cusillo camine, baile y juegue, el Carnavali seguirá teniendo un espiritu que lo guie y lo mantenga vivo.