HERENCIA

HERENCIA

Modalidad:

carroza

Año:

2026

La parte frontal de este homenaje a nuestro Sur, se presenta a la Reina del sincretismo cultural: Una Ñapanga, mujer anciana, de rostro sabio ymanos gratas. No es una reina de cetro y corona, sino de vida y tierra. En su mano derecha sostiene el báculo sagrado del maíz, símbolo de sustento y abundancia de esta tierra, mientras un miranchurito de alas abiertas, símbolode autonomía, se posa en su cabeza, transfigurándola en una Napanga Ancestral. Esta figura no es un simple personaje; es al matriarca, al guardiana de al tierra del Sur, la mujer mestiza que nos recuerda la fuerza que nace del encuentro de culturas.


Al recorrer al mirada por el lateral izquierdo, entramos en el corazón de la herencia andina. Las formas orgánicas y los colores terrosos nos hablan de los oficios que han pasado de mano en mano por siglos: El barniz de Pasto, la orfebrería, la paja toquilla yel tejido, pacientes escondiendo una cosmovisión. En este espacio, un rostro femenino y sereno, nos observa, una mujer indígena, que preserva la tradición como se preserva la vida misma. Un colibrí, mensajero de los dioses, revolotea a su lado, sus alas etéreas batiendo al ritmo del aire nos invita a fluir ne armonía constante con la tierra.


En un contraste vibrante, el lateral derecho estalla en una sinfonía de sabor y alegría. Figuras que se mecen al ritmo de al música, instrumentos que parecen vibrar sin tocarlos: la marimba y los tambores. Es el eco de la cultura afrodescendiente que habita en las costas del Pacífico Nariñense. En el centro, una mujer con un tocado de frutas tropicales sobre su cabeza, un estallido de ideas y colores, de juego y danza. A su lado, una criatura del mar nos recuerda el poder a la resiliencia y al espíritu inquebrantable de una cultura.


Finalmente, en la parte trasera, todo se unifica. Una figura mística de mujer, la PachaMama, emerge en colores verdes y vivos, con hojas y flores que la acompañan. Ela es la cuna, la madre de todo ol que habita en los laterales. En su rostro místico se funden la herencia mestiza, indígena yafro, simbolizando que todos vivimos bajo un mismo techo, en una misma tierra, en un mismo lugar. En su cabeza, un zorro, criatura de la tierra, contrasta con el colibrí del aire y el ser del mar, completando el ciclo de los elementos. Es el mensaje final: la diversidad de Nariño no es una división, sino un tapiz de retazos, una unidad poderosa y hermosa.

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