JAMONDINO FLORECE EN EL CARNAVAL

JAMONDINO FLORECE EN EL CARNAVAL

Modalidad:

murga_de_fuelles_y_cuerdas

Año:

2026

Al sur de Pasto, entre montañas que guardan historias y caminos tejidos por los pies de quienes aman la tierra, florece Jamondino, un territorio que no solo da nombre, sino raíz, origen y memoria. La palabra “Jamondino” en lengua autóctona da la región significando “donde florece la semilla”. Desde esa semilla, nace esta propuesta, como un homenaje a un corregimiento que ha sido alma y raíz del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto.

El Carnaval es esa estación de la vida donde todo germina. En esos días, la semilla que llevamos dentro despierta con la música, con la alegría compartida, con la memoria que canta en las calles y con el encuentro de lo diverso. Entonces florecemos en mil colores, en risas, en danzas, en pasos heredados y reinventados. La ciudad se convierte en un inmenso jardín donde cada persona ya sea local o visitante se convierte en una flor distinta, una raíz que se entrelaza con otras, un fruto que alimenta la fiesta de la vida.

Y como en todo jardín, hay quienes siembran, cuidan y hacen florecer, y en el suroccidente son las mujeres campesinas las que han abonado, silenciosa y amorosamente, el alma del Carnaval. Son ellas las que, con sus manos firmes, con cada canción entonada y cada paso danzado, mantienen encendida la llama del Carnaval en los caminos veredales, en cocinas de leña y en las fiestas del pueblo, sosteniendo viva la cultura carnavalera.

Por eso tanto Jamondino florece en el carnaval ya que es en este lugar donde por unos días todas las semillas germinan sin importar su origen y dan como resultado que de forma efímera florezca el jardín más hermoso y diverso del suroccidente colombiano.

El vestuario consta de un tocado que rinde un homenaje a las flores de las papas y del chachullo; la vestimenta honra al zarcillejo, flor insignia de Pasto con su blusa, pétalos y su mantón, y se adorna con un espadín en el que se encuentran las flores de la granadilla y el curuba, frutos propios de la región. Además de un clavel y astromelia. El vestuario hace alusión a todo el florecimiento que tiene un origen y gracias a esto, la tradición sigue viva, año tras año, como una semilla que nunca deja de florecer.

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