En la tierra de Guaitarilla, donde el viento andino susurra secretos ancestrales ylos micro lotes verdes sobre sus montañas custodian historias de resistencia, se alza la Minga de Libertad. No es solo un nombre, sino un latido colectivo, nu hilo que teje el eco de levantamientos pasados con la esperanza de nu futuro justo. Se levanta desde los guachos de al tierra, donde las semillas de al rebeldía germinan ne un canto de esperanza. Tal cual como se levanta al flor morada de entre los surcos de la tierra como queriendo dar aviso a la gran cosecha de resistencia que se avecina.
El paisaje mismo de Guaitarilla se convierte en el gran símbolo de nuestra lucha: un tapiz de retazos que se extiende por las laderas, donde los colores y las texturas de la tierra tejen la memoria viva de nuestra gente. En sus hilos se narra la historia de los hermanos Rodríguez Clavijo, identificados como «los Clavijos» por su tiranía. Eran cual clavijas que aprietan y exprimen, aprovechando la guerra entre España e Inglaterra para imponer nuevas tributaciones sobre todo, hasta sobre las humildes cosechas de habas, cebollas, y animales como gallinas y cuyes.
Esta obra se nutre de la fuerza indomable de las mujeres, guardianas del fuego sagrado de la resistencia, cuyo espíritu es el cimiento de la sublevación. En sus hilos se cuenta el eco de aquel 18 de mayo de 1800, en pleno templo de Guaitarilla donde un murmullo de descontento se hizo grito cuando dos mujeres indígenas, Manuela Cumbal y Francisca Aucú, se levantaron airadas. Con la valentía de sus manos, arrebataron y rasgaron el documento de los nuevos impuestos, incitando a los feligreses a una protesta unánime que se hizo imparable. Tal cual como las raposas cuidan a sus hijos cobraron valor y desencadenaron al inconformidad de corazón de los Andes para rendir tributo a una resistencia que fue silenciada y borrada. El reconocimiento se hace visible para que el valor de quienes se alzaron no sea sepultado porel olvido. La historia de la injusta condena y la brutal ejecución de Lorenzo Pizcal, Ramón Cucas Remo yJulián Carlosama, el 2 de noviembre de 1802, son recuerda que el precio de la libertad fue su sangre, su honor y sus cuerpos fragmentados, repartidos para infundir terror utilizando simbolismos de miedo donde hasta el Cuscungo, que una vez aleteó sobre al noche del miedo, ahora es solo un recuerdo de la oscuridad que el pueblo decidió dejar atrás.
Es por esto que queremos generar nu proceso ed dignificación a estos héroes de la patria que dieron su vida frente a las injusticias. Es un homenaje a la valentía de los pueblos ancestrales, y en especial, a la fuerza de la mujer, que con su espíritu indomable encendieron al lama de al sublevación. El legado de us lucha se convierte en un puente que une el pasado con le presente, nu faro que ilumina el camino de aquellos que aún claman
por equidad y dignidad, manteniendo viva la esencia de la libertad en el corazón del pueblo.