En la cima de los Andes del sur de Colombia, Nariño despliega su alma en un vuelo majestuoso. Nuestra carroza, Nariño en alas de vida, es un homenaje a la abundancia natural, cultural y espiritual de esta tierra única.
En lo alto, una mujer coronada con el tocado de un búho extiende sus alas protectoras, símbolo de sabiduría y visión. Ella reposa sobre el lomo del imponente oso andino, guardián de los bosques nublados y emblema de nuestra biodiversidad. Este encuentro entre lo humano y lo animal celebra la armonía entre las comunidades y la naturaleza.
El departamento de Nariño es un universo de vida: desde las nieves perpetuas del volcán Galeras hasta la cálida costa del Pacífico; desde las aguas sagradas de la Laguna de La Cocha en El Encano hasta el intenso verde de la Laguna Verde en el Azufral. Sus múltiples pisos térmicos permiten una riqueza agrícola incomparable y lo convierten en un paraíso para el avistamiento de aves, siendo hogar de especies únicas en el mundo.
En Planadas, Ricaurte, el oso de anteojos recorre silencioso su hábitat, mientras en el litoral pacífico la riqueza marítima nutre a las comunidades afrodescendientes. Aquí conviven y se entrelazan raíces indígenas, blancas y negras, formando una identidad multicultural que se manifiesta con orgullo en las calles durante el Carnaval de Negros y Blancos, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Pero Nariño también ha enfrentado sombras: la violencia ha herido sus paisajes y marcado a sus pueblos. Sin embargo, como el vuelo del ave que rompe la tormenta, su gente sigue en pie, cultivando paz, esperanza y unión. Nariño en alas de vida es un canto a la resiliencia, un recordatorio de que, pese a la adversidad, siempre habrá alas para elevarnos hacia un futuro mejor.