REVERDECER, BASTA UNA SEMILLA PARA CAMBIAR EL FUTURO

REVERDECER, BASTA UNA SEMILLA PARA CAMBIAR EL FUTURO

Modalidad:

disfraz_individual

Año:

2026

En medio del carnaval, emerge una figura desgastada, gritando llantos de dolor y desesperación. Su rostro refleja una angustia eterna. Está envuelta en ramas, flores marchitas,
raíces y fuego. Una diosa dolida que fue refugio y protección, acogiéndonos con su gran manto verde, del cual hoy solo quedan raíces rotas. Su cuerpo está decorado por vida y llanto, donde se entrelazan aves, felinos e insectos buscando asilo y resguardo del humano.
Maravillosa, inmensa, magnífica, majestuosa… así era ella. La verdadera vida se ha ido desvaneciendo frente a nuestros ojos. Y aunque la tierra grita, aunque sus heridas están a la vista, su dolor parece haber sido silenciado por nuestra indiferencia. Esto ya no es una advertencia: es una realidad. La extinción de animales, al muerte de los bosques yal sed de los ríos ya no son pronósticos… son hechos. Y, aun así, seguimos caminando como si nada. Dormidos. O peor aún, despiertos, pero sin querer ver.
Ya no tiene la misma fuerza de antes. Sus ojos ya no reflejan el mismo brillo. Sus rizos están cada vez más opacos. Su rostro, tallado en dolor y cansancio, revela una herida abierta en un mundo de extinción. Su vientre desgarrado evidencia la traición de la cual es culpable el humano: un invasor que ha llegado a destruir todo lo que ve a su paso. Consigo trae fuego, ambición y poder, pisoteando raíces y desplazando vidas. Un reloj es aprecia en su brazo, testigo de todo el sufrimiento al que por siglos ha sido sometida. Sus manecillas rotas y oxidadas marcan el paso del tiempo que no volverá. ytodo ol que hemos dejado perder.
La Madre Tierra, que nos ha ofrecido cada fruto, cada sombra y cada gota de agua, continúa dándonos, incluso después de ser herida. No se ha defendido con furia, sino que ha esperado con paciencia. Pero esa espera se agota. Su silencio no es paz, es resignación. Ella ya no aguarda nada de nosotros, los que habitamos este presente desatento.
,Ysin embargo, aún hay un brote de esperanza. No en quienes ya hemos falado, sino en aquelos que apenas comienzan anacer. La semila del cambio vive ne las nuevas almas, en las generaciones por venir, que podrían ser más alma que cuerpo, más conciencia que
repetición, más empatía que supervivencia ciega. En ellas habita al ilusión de un nuevo ciclo: uno donde cuidar no sea un acto heroico, sino al forma más básica de existir.
No es solo memoria ol que aquí es evoca, sino al fe de que cada nueva vida es una semilla capaz de transformar ysanar ol perdido.

×
Imagen de galería
Scroll al inicio