«¡SABIO … PERO NO SANTOS!»

«¡SABIO … PERO NO SANTOS!»

Modalidad:

murga_de_fuelles_y_cuerdas

Año:

2026

¡Desde el sur, alzamos vuelo con pensamiento y fiesta!

En el sur colombiano, donde las montañas hablan en lengua antigua y los volcanes custodian la memoria de los pueblos, nace “Sabios, pero no santos”: una murga que mezcla la fuerza del pensamiento con la alegría de la celebración, la crítica con el colorido, el arte con la identidad.

Tomamos como símbolo al búho: ave nocturna, silenciosa y observadora, figura que desde tiempos ancestrales ha representado la sabiduría, el conocimiento profundo, la reflexión interna y la mirada crítica. Pero en esta propuesta, nuestros búhos no solo se quedan posados en lo alto observando: bajan del árbol, pisan la calle, alzan su voz y se sumergen en la fiesta popular. Son sabios, sí… ¡pero no santos! Se atreven a decir lo que muchos callan, a reírse del poder, a gozar sin culpa, a pintar sus rostros con valentía y a hablar con el lenguaje rebelde del carnaval.

Nuestros personajes no huyen del bullicio: se funden con él, lo amplifican, lo transforman en mensaje y ritmo. Con sus alas desplegadas, recorren los territorios nariñenses, llevando en sus plumas la esencia de un pueblo diverso, creativo y profundamente crítico. Representan al sabedor y al soñador, al maestro y al campesino, la artista, la poeta, a la abuela que cuenta historias, y al niño que pregunta sin miedo. Representan, sobre todo, a la comunidad que reflexiona mientras canta, que resiste mientras ríe, que transforma la palabra en canto.

Con ojos grandes y penetrantes, nuestros búhos miran sin miedo. Son símbolo de una visión clara en medio de la oscuridad, de una conciencia despierta en medio del ruido. Sus garras, firmes y seguras, no están para atacar, sino para sostener las ideas, para defender la tradición, para levantar la voz del pueblo que no se resigna a guardar silencio.

Sus plumajes, trabajados con esmero y creatividad, reflejan los colores vivos del carnaval y las texturas de nuestras raíces nariñenses: indígenas, campesinas, mestizas. Cada detalle es una historia, cada forma es un símbolo, cada paso es un mensaje. En cada giro, en cada canto, en cada golpe de bombo hay sabiduría popular: la que nace en el fogón, en la escuela rural, en la plaza del mercado, en la montaña sagrada.

Los búhos descienden sobre la ciudad no para asustar, sino para recordar. Para decir que la sabiduría no es sinónimo de solemnidad, que también puede bailar, jugar, crear, reír, protestar y sanar. En su vuelo, visitan las lagunas donde habita el mito, los campos donde florece el maíz, los barrios donde resiste la esperanza. Nos traen consigo la historia oral de los abuelos, la palabra sabia de las madres, el ingenio del carnavalero y la fuerza de los jóvenes que no temen pintar el mundo con otros colores.

Esta murga es un homenaje vivo a la esencia nariñense. Porque aquí, en esta tierra de volcanes y memorias, la sabiduría no se encierra en libros ni se guarda en templos: camina por la calle disfrazada de música y danza, se ríe de sus propias penas, se pinta con espuma y cosmético, y se levanta cada año con el alma renovada.

“Sabios, pero no santos” es también una crítica a las falsas sabidurías: aquellas que se imponen sin escuchar, que callan verdades, que se encierran en dogmas. Nuestros búhos no se prestan para eso. Ellos escuchan, sí, pero también opinan; observan, pero también actúan; reflexionan, pero también gozan. No temen al desorden creativo ni a la burla simbólica. Entienden que el Carnaval es un acto de libertad, un espacio donde las jerarquías se rompen, donde la verdad se dice con ritmo, y donde la comunidad se reconoce a sí misma en medio de la risa y el disfraz.

En esta murga, cada personaje, cada instrumento, cada máscara tiene un propósito. La comparsa no solo entretiene: también incomoda, cuestiona, despierta. Porque el conocimiento no está reñido con el juego, ni la reflexión con la alegría. Aquí, la danza es discurso, la rima es manifiesto, la música es memoria.

Los “sabios, pero no santos” representan lo mejor de nuestra identidad colectiva: la capacidad de pensar sin miedo, de crear con libertad, de recordar con orgullo y de celebrar con toda el alma. Esta obra es una invitación al jurado y al público en general a mirar más allá del disfraz y ver el mensaje que vuela con cada movimiento.

Porque el Carnaval de Negros y Blancos no es solo fiesta: es un lenguaje simbólico que nos permite contarnos a nosotros mismos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos volar.

Nuestros búhos vienen a recordarnos que la sabiduría no siempre calla. A veces canta, a veces ríe, y muchas veces se disfraza.

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