Dueño de un amplio territorio un gran cacique decide sabiamente repartir sus tierras entre
sus tres hijos: Mocondino Jamondino Pejendino
Dueños y herederos de un vasto territorio en donde abunda el maíz, el agua en los yakus, los espíritus y sabedores caminando juntos. Al llegar el invasor de sus territorios son despojados, obligados a relegarse en caseríos más pequeños para ceder sus tierras a los Navarretes, a los de la Rosa y dejando de ser Cabildo en 1947, perdiendo su territorio y sus lugares sagrados, con el tiempo sus saberes son demeritados, opacados y ocupados.
Señores de la luna:
La cultura Quillasinga en su máximo esplendor, guerreros potentísimos, dueños del territorio del sur, sabios inteligentes pragmáticos en el momento oportuno.
Colgaban de su nariz a la luna, porque hablaban su idioma y ella era su protectora.
Se descuelgan los indios por las laderas, por al peña blanca, donde crece el mandural, viven en esta tierra fría yde neblina, cachicán cuy ymaíz, son indómitos por naturaleza. En sus vestimentas evocan la tierra su accionar e importancia para el mundo, de ahí el sustento, la vida misma del territorio.
Los vigila la killa (luna) quien les regala sus fases y les enseña a cultivar la mama alpa según su estado de ánimo.
Vienen bajando, vienen bajando dueños de la luna, dueños de la vida. Vienen trayendo en sus jigras de cabuya unas papas cocinadas y un ají para masticar.
Que los encienda el pique antes de cerrar sus ojos o entregar el territorio, listos para luchar, se elige al más berraco a ese que no baja la cabeza y es diestro también para hablar, más si, se enamora fácil sus lágrimas abrirán el territorio y un hilo dorado has de mirar brillar, en donde se encuentra un nacedero de donde el agua ha de brotar.
Se encuentra en una lucha antigua de sus tierras no se hará despojar, así lleguen nuevos invasores y del agua quieran apropiar, se elevará lo más alto, así como el mandural, se terciará su ruana de lana, ajustara sus zapatos recordando lo firme que se va a pisar en su cuerpo corre la fuerza de la vida misma y un hilo dorado los ata a su territorio, recordándoles que hay que continuar.