La obra es una propuesta escultórica, ritual y performativa que celebra la cosmovisión ancestral de los pueblos andinos. Inspirada en la triada sagrada de Hanan Pacha (mundo superior), Kay Pacha (mundo terrenal) y Uku Pacha (mundo interior), esta comparsa se manifiesta como una comitiva carnavalesca compuesta por cuatro figuras simbólicas portadas por danzantes. Cada escultura representa un cruce entre lo humano, lo animal y lo espiritual, convirtiendo al cuerpo en un altar en movimiento.
La propuesta fusiona tradición y experimentación, incorporando elementos como máscaras de doble cara, alas retráctiles, balcones andinos y estructuras móviles que cobran vida durante el desfile. La parte frontal de las esculturas muestra un rostro antropomorfo enraizado en la tierra y la naturaleza viva, mientras que la parte posterior despliega tótems o tríadas animales (cóndor, serpiente, zorro, rana, oso de anteojos), evocando el tránsito del alma y la energía de los elementos.
Esta obra nace de una investigación conceptual, estética y técnica sobre la cosmovisión andina, el arte ritual, las máscaras de poder y las festividades tradicionales de los andes. Se han consultado obras como Los tres mundos andinos, cosmovisión andina e historia indígena, así como archivos orales y visuales de carnavales del altiplano. También se reconocen influencias del Carnaval de negros y blancos de Pasto, el Inti Raymi y el Carnaval de Oruro, cuyos lenguajes visuales y simbólicos han inspirado el diseño ritual y escenográfico de la obra.
La figura principal integra múltiples planos simbólicos: en su cara frontal, un animal andino (símbolo de poder y tutela espiritual) lleva en su boca a una figura humana indígena, sujetándola con los colmillos. Esta imagen representa la protección, guía y contención de la energía humana por parte del espiritu animal, estableciendo una relación de interdependencia entre naturaleza y humanidad. El indígena, con mirada firme y postura central, encarna la sabiduría milenaria del Kay Pacha, mientras que las alas retráctiles del cóndor, que emergen y desaparecen, simbolizan el viaje del alma y las fuerzas invisibles del cosmos.
n al parte posterior, aparece una triada animal correspondiente a los tres mundos, por ejemplo, en uno de ellos: el cóndor (Hanan Pacha), el felino o zorro (Kay Pacha) y la serpiente (Uku Pacha). Esta configuración forma parte de una estructura móvil que se despliega durante el desfile, generando un momento de impacto visual y ritual. La base (cargador) incluye balcones andinos, no como simples soportes, sino como símbolos del hogar sagrado desde donde nace al figura: una «casa del mundo». Decorados con diseños gráficos, columnas orgánicas y trenzas, estos balcones presentan rasgos ancestrales y patrimoniales.
El vestuario de los portadores se inspira en los tejidos tradicionales, incorporando motivos geométricos, la chakana (cruz andina), trenzas, flores, máscaras (10 tocados), textiles y ornamentos naturales. Cada elemento está conectado con los principios del ayni (reciprocidad) y del kawsay (energía viviente) de la cosmovisión andina.
La obra está construida mediante técnicas mixtas tradicionales: modelado en barro para los detalles expresivos; tallado en icopor y cartón reciclado para la estructura; aplicación de papel maché, sellado con masillas, y acabados con resinas y pintura manual (acrílicos, pigmentos naturales y fluorescentes). Cada figura incorpora mecanismos móviles activados por el danzante (alas y ojos de los rostros indígenas) y movimientos sutiles del cuerpo del danzante que enriquecen la puesta en escena.
Wasi Pacha – Cosmovisión andina en movimiento celebra el cuerpo como territorio ritual, el arte como puente entre mundos y el carnaval como un acto de memoria viva. Durante el recorrido de los cuatro mascarones y sus portadores, el propósito no es solo entretener a los espectadores (habitantes y turistas), sino también ofrecer una ofrenda en movimiento en el desfile magno del 6 de enero de 2026.